Cuatro lados, un círculo
En el lote, los cinco palos puestos en puntos equidistantes. Sirven como referentes de hilo y carbón. Establecen el más allá del ya casi y el poco falta del ahí a la vuelta con el medidor de la esa hilacha plástica, la escandalosa de los policías que dice PELIGRO NO PASE, pero ya no es amarilla. Se desprende. Suelta su color hasta ponerse tan pálida como la orina de un enfermo. Fea y más fea en cada llovizna que le iba desmontando el color en goterones de licor aguado, pero aún era el mosco que se movía entre los cinco palos y repetía la secuencia de su vuelo a la misma altura y velocidad entre las estacas. Para provocación satánica y conspiración letal de los cinco mochos en la casa de arriba, por arrechar la materia de la paranoia con coincidencias sacadas de la manga, esa, la que está en caída de casi 75 grados sobre el cementerio de estacas, y calculaban y repetían en un modulador 3D el vuelo del mosco entre los palos, sin posarse nunca sobre el listón amarillo, repitiendo ...