día de odio (3.3.3)
Uno Cada repetición de mi cuerpo, lento y automático, deja un lugar vacío por donde no quedó nada (la nada de la nada) y donde, ojalá, Dios me hubiera permitido acostarme porque con la rabia de mis pasos sólo hubiera querido dormir. Dormir y ponerme horizontal como un cadáver (así, exactamente así) y pegarle tiros al aire con una pistola de dedos. Una pistola que es mi propio puño y escupe fuegos artificiales de colores que nadie verá (no) porque no estoy acostado ni mi mano es una pistola (Dios gran hijueputa). Dos Entonces estoy acostado (hagamos de cuenta) y en la pulsación de mi mano no hay pólvora ni cohetes chinos y no hay luces LED de carritos de juguete ni motores pequeños como los de un dildo. Entonces me acuesto y mi cuerpo no es un dispositivo de la noche (por y para la noche) que me convierta en todos los objetos que llenan mi vacío y evitan que estire la cumbamba hacia adelante, como un animal, en esa obsesión bucal de la que mi mamá se burla cuando cree qu...