La veintiseisava porra con esperanza de llegar
Cuando era niño estudiaba en un colegio del norte. Tenía un amiguito que se llamaba Martín, él era hijo de un general del ejército. Un día me tocó cumplir nueve años e invité a Martín a mi casa. Mis cuchos me iban a hacer una fiesta de los más de elegante en el salón comunal, sin payasos porque ya era niño grande y sin recreacionistas porque los adolescentes me daban lástima incluso desde antes que yo fuera adolescente. Entonces mis papás me dijeron que sí, que todo bien, que iba a poder regalarles a los niños esos muñequitos de los caballeros del zodiaco que me habían parecido tan deformes y tan hermosos en San Victorino. Unos monachos torcidos que se derretían al calor y que vendía un paisa que le tiraba los perros a mi mamá cuando íbamos al glorioso “Centro Comercial Mayorista El Ahorrador”. El paisa ese quería comprarme mango viche, pero a mí no me gusta ni el mango viche ni los paisas. Me gustan menos los paisas que el mango viche. Los muñequitos de los caballer...