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libra de cuajada y penca de sábila

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  Una señora embutida, carita caída, escribiendo en su celular (todo mayúsculas) que gracias a Dios el presidente le va a dar bala a los comunistas, los ateos, los maricones y los de nariz torcida. Menos mal. Todo mayúsculas porque los horripilantes que no se hicieron la rino con el doctor Martínez ni fueron donde Martica Esguerra que les pone polvos reafirmantes con ácido hialurónico y embrión de codorniz diluido en la cara y ella les da besitos y todo divino-divino-divino como sus tetas caídas y su cara de bulto en páramo dando las gracias (gracias a Dios) por el tumor en el ojito de Ernesto que lo hace parecer una papa estallada, un John Travolta escondido en los cerros orientales poniéndose camisetas de la selección Colombia que le dejan el ombliguito peludo al descubierto (Adonis) y John Travolta de los cerros saca su penecito, su botón diminuto, su tripita colgante que se agarrara con índice y pulgar y se pajea pensando en Marujita Toloza cuando protagonizaba “Amazonas” y se ...

caudillo

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  Uno más uno, los dos pegados a la moto. Uno se cae y se da un totazo contra la calle, casi que dándole un beso a la llanta de otra moto, una moto de tres ruedas. Uno más uno ahora no se caen. Ahora la moto va sencilla, zumbándole al río que no escucha. El río que va al ladito. Recordemos que en ambas secuencias está lloviendo. La calle se inunda, el río aún no escucha, pero a uno más uno le gritaron que ya casi, que pronto acabarán las penas, que los conspiradores adentro de las nubes habían llegado a un acuerdo con el doctor Goyeneche, con el creador de las líneas rectas y el principal promotor del techo de zinc para cubrir la calle. El doctor Goyeneche también prometió verterle anís al río para convertirlo en un río de aguardiente. El río no supo nada de las intenciones del doctor Goyeneche (aún). El río tiene nombre. Se llama Mekong, río Mekong. Los francotiradores de las nubes (desparchados, profundamente desparchados) seguían contando uno más uno más uno más un...

Ñengo Flow guiso

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  Para la Señora de nombre de vocal y todos los desgraciados que no tuvieron ni la decencia de despedirse. La cabeza le cayó a un lado, el lado izquierdo de la moto. Pasó un camión y le aplastó el cráneo. Los sesos quedaron esparcidos en la calle, regados como pastel celebrando algo que a Dios le debe parecer graciosísimo, pero a todos los demás muy cruel.  Esa tarde ella iba en la moto porque se iba a ver con él. Él pensaba finalmente dejarle las cosas claras, dejar de tenerla esperando una relación seria que no quería tener, pero al final cedió, aceptó, se dijo a sí mismo “Bueno, ¿Qué carajos? Digámosle de una vez que sí y nada malo va a pasar”. Esa tarde le aplastaron el cráneo y él se quedó esperando a que ella llegara, dándole vueltas a la botella de cerveza, pidiendo otra, pidiendo luego una bretaña con limón porque algo así como la pena o la culpa le decía que cómo iba a ser tan descarado de darle el beso del saludo con olor a cerveza, borracho, eructando sílabas rá...

Jovani Vásquez: El sol de América (Capítulo uno)

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  Un día el cielo se revolvió y salió metido en un vaso. En las nubes había un color como entre cloro y leche y las personas salían de los edificios centrales de Ari a sentarse en un andén y comer fideos aguados en cuencos plásticos con florecitas en el borde.             Esos cuencos me parecen feos. Prefiero los que tienen a una gallina o los que muestran la carota de pelmazo de “ya-sabemos-quién” y en caso de que “no-sepamos-quien” pues ese “quien” es el rey. No me importa decirle pelmazo (así, con esa palabra) porque dudo mucho que él sepa leer español.             La verdad es que la comida que coma o no coma la gente que trabaja en Ari no importa porque todo se guardará, se encajonará en el domo de los puentes y los toldos plásticos de los restaurantes. Las sobras las botarán al río y “ya-sabemos quién” saldrá en el noticiero dedicado a la familia real, a las oc...

Jovani Vásquez: El sol de América (Introducción)

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       El cielo es azul como también lo es el mar y la belleza (azul) de todas las cosas bonitas que observamos por la ventana y nos gustan, que nos gustan a pesar o en función del color. Azul. Jovani Vásquez dice “Azul”. Un rato antes dijo “Estoy destruido, pero por fuera. Porque por dentro estoy como coco, estoy nuevo”. Jovani se quita las gafas de sol y empieza a cantar “Azul” la canción con el coro que dice “Azuuuul. Azul como el mar azul” y la canción es de Chayanne, no de Jovani Vásquez. Miento, la canción no es de Chayanne sino de Cristian Castro. No sé, no conozco mucho de música. Puedo identificar el color azul. Jovani Vásquez sabe que las cosas bonitas son azules. Jovani Vásquez es el paraíso permanente, es la belleza condensada que siempre mira afuera. Jovani Vásquez se ríe de las nubes y del cielo y de las botellas plásticas con cascadas y manantiales que sólo existen en la marquilla de la botella y todo lo que le parece lindo es azul porque se percibe ...

Cinco noches con Ferney

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  Miramos las cajas en la parte de arriba. Dicen que se van a caer y nos van a aplastar, yo creo que no, que es pura exageración o miedo de los bodegueros. Pienso en la forma en que las cajas están mal colocadas, en el borde, ariscas, sacando sus puntas y dejando un espacio muy pequeñito por donde pasa la luz del bombillo, el ruido del reloj Mondadori que se trajeron de España, la risa boba de los empleados viejos a punto de pegarle un puntapié a las estanterías para que nos caiga todo encima. Me quedo callado. El Arturo, al lado mío, dice que todo parece un meme, el de cinco noches con Ferney. ¿En qué consiste el meme de cinco noches con el Ferney? Pues me cuenta. Hacemos tiempo mientras caen las cajas y la señora de la vocal absoluta entra a la bodega a gritarnos, a decirnos que le vamos a dañar sus libros y su negocio. Que la pobrecita no tiene plata para darnos un contrato a tiempo completo. Entonces cinco noches con Ferney.   En el fondo negro los bordes d...

El Dharma del culo

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La elipsis es arriba, abajo, al centro y como quien dice, redonda, magnífica de amplitud y figura, de caída para volver a subir después, de posición progresiva hasta la cúpula, al techo del estudio de grabación con sus luces blancas y sus telepronters donde avisaban que ya pronto se haría la pausa para los comerciales.  Ya pronto.  Y ella decía que sí y que estaba muy contenta y que si ya se habían dado cuenta que Melissa se puso una cola gigante y camina como pato con indigestión. Y entonces Eduardo dice “¡Ay, sagrado rostro! ¿Qué haremos con estas muchachas, Dios mío?” y empieza a pedirle a la honorable audiencia que mande sobres de manila con tres empaques plásticos de caldo La superior (¿LA SUPERIOR? LA QUE MÁS GUSTAAAA) para participar en el sorteo de una moto y dos ollas pitadoras.  Que sí, que estoy muy contenta.  Y es que se le notaba que estaba eufórica y ella aún no sabía que su amiga se lanzaría por el balcón de su apartamento abrazada a una estatua de la ...