Aplauso en caja (12/23)
Aplauso en caja En un cuento sumergido. Aplacado y metido en su bolsillo. En el día del elefante que se durmió y cayó sobre su espalda, que se puso con las patas arriba y pidió que bajara una mano con la textura de las nubes y le sobara su barriga. En el día milagroso de las piezas que se unían, que se asignaban por numeración en escala de esqueletos, como los niños de la tierra abandonada que sacan los huesos de las ollas del sancocho, que abren los cadáveres con sus dedos sin uñas y lamen el interior y comen la carne cruda tal cual está. Se acuestan adentro de los animales muertos y se rodean con sus pieles, se arropan en la cobija del cuero. Sentí en ese día. Sentí cómo se abría un milagro en pulsaciones pequeñas, con el ritmo de la antena en el cielo. Esa gran torre de hierro que pulsaba en pausas necesarias, las curvas y las vueltas de las figuras, las piezas de los fantasmas que se escapaban de los animales muertos, la pausa de los niños que no querían vomitar adentro d...