El chino que fuma y toma leche al mismo tiempo
Qué ganas tan hijueputas y desbocadas de meterme en un tubo y comer y comer y comer para poner en mi boca (después de comer) todas las fibras de la ciudad que hoy está moviéndose agachada por el cielo negro, contaminada, percudida, sin amantes del cielo como yo, en un misil nuclear que se eleve para luego caer en el océano, en la desembocadura del Chao Phraya. En Colombia tantos y tantos hijueputas que no lo dejan a uno embalarse (literalmente, porque el chiste es convertirse en una versión potencial de misil atómico en el océano pacífico) con el conteo y el reconteo y la muerte por repetición de las crestas de mis palabras, y sólo pienso que menos mal no estoy allí con esa gente que me dice: “Ay, no se entiende” porque me vale culo y medio que se entienda, gran pendejo, como si la literatura fuera un arte de hacerse entender y no el principio de toda la abstracción y de toda la humanidad aprendiendo a contar el alfabeto al derecho y en diagonal, por saltos rectos. Deliciosa,...