Manifiesto tardío pero anterior a otro que vino después (02/24)

 

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La técnica es sencilla. Expandir el cuerpo a una sobrecarga estimulante.

El virus es la resistencia al organismo neo digital. La predisposición de la meta data que calcula la cadencia de la masturbación.

El asistente virtual; un perrito o un mago o el monacho que quiera diseñar Microsoft, recomienda modular el volumen, desconectarse de la pantalla, poner un control parental, subir la frecuencia en el movimiento superior, bajar la intensidad en el origen. Pegado al ombligo, el movimiento debe asimilar una cresta de clorofila. El abedul, pensar en abedules es erógeno. Entre el ojo cerrado y el final de los genitales, lo que los doctores llaman “El Niés”.

Dibujar círculos con profundidad en la cresta del cuerpo.

Poner presión.

Es como evitar caer en los errores tontos. Es jugar un juego permanente y disponerse a no decir trece en toda la semana.

Saber que si me escuchan decir trece me dirán “Agáchese que me crece” y yo prefiero “Aquí las tengo para que me las bese” pero aquí estamos por reunidos por una revolución molecular amplificada de tirarnos bolas de papel babeadas al fondo del salón. La recocha es siempre al fondo del salón.

Y no importa si prefiero que me la hagan con “Aquí las tengo para que me las bese”. Papi, da igual.

Pero también se puede hacer la resistencia sistemática evitando pisar las líneas de las baldosas en Unicentro. O sea, también se puede y es una idea más cómoda. Algunos no le ven el chiste al trece, bueno, ni modo. Hay gente que lo ve ofensivo y se monta la pelea del año en el blog entre los twinks que dirían: YO QUIERO YO QUIERO YO QUIERO y los otros que entendieron el capítulo como una resistencia vulgar ante la domesticación del pensamiento post racional.

Y, bueno, ya ni importa lo que quieran hacer los primeros o los segundos. Hay gente que sabe a lo que va. Hace memes con la foto de Wittgenstein y escriben: Cuando las viejas dicen “quiero” y los manes “pene”. Ajá, digamos que entendió y sabe hacia donde poner la semilla. Es como… como abalanzarse sobre una roca y luego masticarla. Es saber que la esquizofrenia es resistencia emocional del algoritmo predispuesto.

Hay gente que está acá por eso y otra que simplemente se mamó de su novio, el TODO-SE-PUEDE-EN-EL-AMOR-LIBRE.COM. Mamera. Muy perdible ese plan de llorar por un tipo a la que una le pintaba las uñas y le depilaba las axilas y el langaruto ese se ponía las blusas ochenteras de su tía para ir a las marchas del 8M pero una le revisaba el celular… y es que en este mundo no hay charco para tanto sapo definitivamente. Y amar tanto a los que llegan porque sí, porque no y por si acaso como esos guerrilleros que le tienen miedo al fuego. A los de cuerpo de sardina que se desnudan y nadan en bodegas de limpieza química al borde del río podrido y juran que pueden hacer tai-chi después de comer paloma asada. Sí. La capacidad de dibujar con los dedos un poema en los vidrios empañados de un Transmilenio.

Tienen internet, eso es más que suficiente.

Vamos a sacar manifiesto.

Lo íbamos a sacar la semana pasada, pero se me venció la licencia del Office y el ingeniero que contraté en Unilago me formateó todo el computador.

Es decidir que el espasmo energético es la decapitación de los peluches feos. Check. Escribir teorías conspirativas de Hello Kitty o hacer ilustraciones zoofílicas de Carlos Calero cogiéndose a Aurelio Cheveroni. Check. Ser DJ de ambient sampleando los mejores chistes de Don Jediondo en la Luciérnaga. Check.

Es una serie de acciones colectivas planeando por montes de basura, como mosquitos magullados. Consumir una imagen en su reciclaje como rayadura de colorante artificial, eso, la pega de la pega, el sobrao en la olla gorda y quemada que fue escudo antibalas en la toma del pueblo.

(¿Cómo así? ¿Se tomaron el pueblo? Yo no me enteré)

Y tener que decirles que fue, es y será tomado por el comando nororiental, submental, postestructural, antisensorial del movimiento urbano que sea, desde los predicadores de la guaracha hasta el sindicato de buseteros intolerantes a la lactosa.

Creo que haremos la acción de las líneas. Nada. Iremos a Unicentro a no pisar las líneas de las baldosas.

Otro día haremos una fogata con billetes didácticos.

Un podcast sobre la república de Weimar.

Un meme con códigos mutantes.

Una sobrecarga para la persistencia transgénica de las remolachas. Y de las zanahorias, también de las zanahorias.

 






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