Proposiciones y varios
Siento
el traqueteo otra vez, como me gusta, en zumbido de lóbulo posterior, en
apertura de boca para el cerebelo, a partir de su propia sensación, quizá
incapaz de apelmazarse y de tirarse por el avión con el paracaídas en su
espalda. Esa imagen la tuve por primera vez cuando era niño y RTI tenía un
comercial para alentarle a los niños sobre los peligros de consumir drogas. Un
cerebro animado en Windows 98 se tiraba en paracaídas. El video era tan
precario que ni siquiera mostraba que le pesaba al cerebro cuando chocaba
contra el piso. Siempre pensé que los cerebros revientan como bombas de chicle
rosado, como gelatina royal de fresa, blandita y a los lados.
Primero
que todo eso sería imposible, porque el cerebelo ya está en la parte de atrás,
o sea, no tiene espalda.
Y
es estimulante pensar que ya se va a ir pero aún no me suelta y podría
recostarme en el sofá de sur y mirar a esos arbolotes amarillentos por el
hollín de los intermunicipales, con sus hojas caídas y cadáveres de ratas que
aún no se reabsorben en la infinita misericordia de la tierra y sólo traen
moscarrones pequeños, porque las moscas son directamente proporcionales al
tamaño de la inmundicia que se comen.
Quiero
sentir y decir que ya va a pasar. Quiero ponerme como Silvestre en esa feria
veredal en la que sujeta con las manos al acordeonero y al mueco de la
guacharaca y dice que es como una vaina.
Una
Vaina.
Una
vaina que, ¿sí me entiende? Que es como un pulso que lo coge a uno y lo estira
hacia arriba y hacia a los lados al punto en el que casi toca la espalda de la
espalda y casi se fusiona con el cerebelo para recubrirse como la vuelta del
globo terráqueo con chicles gringos.
Estirar.
Y
Silvestre está muy soplado en ese video, pero quién sería capaz de decirle algo
a él porque todos amamos a esos gorditos dicharacheros que hacen ambiente y
recochan y la vacilan y le ponen apodos quisque al flaco le dice manteco, al
gordo le dice meñique, a la tetona le dice parachoques y al dientón le dice
Mocho Miguel, así no se llame Miguel.
Yo
creo que todos necesitamos ponernos en una ubicación corporal que nos dé el
beneficio de la apertura a nuestros chakras ocultos, y no me refiero a puntos
de colores que te puede marcar un baboso que toma leche Ades en un diagrama con
plastilina (para niños) sino que hay movimientos y partículas adjuntas (que se
mueven en un péndulo sujeto de la entonación, la entonación de cada sílaba que
es capaz de marcar el silencio posterior a la broma del gordo Silvestre). Pero
eso sí. Pero es tampoco algo tan fácil de decir. Y esa vaina que lo coge a uno
y lo sube y lo baja y lo pone que zumbando en un suanfonzon hacia arriba.
Suanfonzon
vertical, el sólo concepto es estúpido.
Pero
también hay que ser condescendientes con los paquidermos que se quejan porque
la reunión debió haber empezado a las ocho en punto y no hemos leído el orden
del día.
¿Pa
qué putas? Como si eso sirviese para algo
Para
si hay gente con ganas de molestar en este mundo jamás harán falta sesenteros
con venas varices y frustración acumulada que tendrán sus válvulas de escape en
el mal manejo de la asamblea, en la falta de presupuesto para renovar las
sillas Rimax, en las goteras del barbecue, la reposición de saldos favorables
en tres máquinas dispensadoras en norte, salón comunal grande, salón comunal
chiquito y caseta oriental de celadores.
Pero,
me disculpan, pero los celadores no están acá para ser tenderos y tener que
andar con vueltas para el vecino del 804 que siempre está corto de Bretaña para
invitar a sus amigas.
Y
también es un problema que los estados financieros vienen en una curva
inestable, inestable no para arriba, inestable en rebotes diagonales, como si
la flecha del progreso esperado para el presupuesto de año entrante quisiese
rasgar la tela de proyección y decir que de nada sirve cambiar la empresa de
seguridad si aún tenemos la demanda de Lucrecia.
Maldita
sea la demanda de Lucrecia.
Y
como ya no me duele ni me zumba ni me repiquetea tanto la cabeza siento que
puedo decirlo con calma pero, para resumir una historia caótica y chistosísima,
Lucrecia era la perra del señor Calvo, el ciego, pero lo que sucede es que el
señor Calvo sacó a Lucrecia y en ese momento pasaron frente a la reja donde
están los akita y los akita mordieron a Lucrecia del lomo y la zarandearon como
un juguete de felpa hasta que le abrieron la barriga y eso salpicaba sangre y
tripas y el animalito chillando mientras aún tenía órganos capaces de hacer
sonidos en su interior pero el señor Calvo, como es ciego, pensó que sólo
estaban jugando y no supo que tan grave era porque los akita tenían las
mandíbulas llenas de pelo y carne blanda, y sólo se movía la correa en la mano
del señor pero al final se dio cuenta que le mataron el animal cuando tiraba de
la correa y se sentía un peso arrastrado y ligero porque esos akita son unos
psicópatas que hasta le arrancaron la cabeza a Lucrecia.
Y,
siendo así las cosas, o sea, como era el perro de un señor ciego, su abogada
dijo que era su animal de apoyo y que por ende los akita habían cometido
perjuicio directo contra el señor Calvo porque le destriparon su bastón y el
juez dijo que debíamos sacrificar los akita porque “BIEN ES SABIDO PARA EL
JURADO Y LOS IMPLICADOS QUE EL PERRO QUE PRUEBA LA SANGRE ES INCAPAZ DE OLVIDAR
ESE VICIO TÓXICO, CAPAZ DE CONVERTIRLO EN UNA FIERA Y ASEGURANDO QUE ATACARÁ
NUEVAMENTE A OTROS CANINOS Y/O HUMANOS”
Pero
esa es pura pendejada del juez que se cree el rey de la naturaleza porque vivió
hasta los ocho años en una vereda frente a Tominé. Lo conozco. Ser abogado es
una personalidad, no es ni talento ni aptitudes, es una personalidad de mierda
y ya.
Y
el caso es que no hemos podido matar a los akita y entre cada año que esos
perros con cara de meme japonés pasen con vida, moviendo las patitas perfectas
y haciendo popó en el tapete del señor Calvo. Entre más y más tiempo pase sin
matar a esos perros, más nos sube una indemnización al señor Calvo por quitarle
su bastón y darle depresión porque Lucrecia quedó hecha retazos de carne y pelo
arrastrada, pobrecita, ni se distinguía qué era un ojo y qué era su Dog Chow
aún sin digerir.
Pero
ya va siendo hora de que se pongan los pantalones y solucionen porque aún no
hemos dejado claro si vamos a dejar las máquinas de Postobón o si nos vamos a
ir todos de viaje a la putísima mierda (en mi dolor de cabeza cada vez más
reducido pero enfocado, porque siento que crece y se extiende como una
vibración frontal. Lo que le dije de las ganancias estimadas para el próximo
año fiscal) Capaz así de montarme en el video de Silvestre y recordar:
Jajaja,
es la vaina. Es la vaina. Es una vaina que lo coge a uno y lo zuuuuum, lo baja
y ñaaaaaan pero al mismo tiempo puede ser la espera de la revelación divina, la
ansiada apertura del reino de los cielos sobre el letargo del guayabo
paranoico: “Tengo mal aliento, me duele el culo, esta silla Rimax tiene cinco
líneas rectas que se proyectan del espaldar y todas son iguales” u otra
anagnórisis más necesaria para ordenar las cartas en la mesa:
1. Todas
mis exnovias se metieron conmigo después de un noviazgo platónico con otra
mujer.
2. Cuando
como tomate me dan pesadillas y reflujo. Reflujo en la mitad de las pesadillas.
1+2=
A todas las conocí cuando estaba trasnochado y con mal aliento.
Creo
que es fácil poner la cabeza en la silla de atrás. Lo intento. Se me desploma
contra la gravedad estructurada de mi columna vertebral, el espinazo es una
ruina alargada que recuerda frustraciones pasadas. En el proceso evolutivo fui
un árbol manchado de hollín y mi cuerpo era mi soporte, mi columna fue el
tronco que se dobla.
Silvestre
se movía muy bien para estar así de gordo. Se hizo un bypass gástrico y dejó de
soplar cuando Kaleth se murió en esa carretera.
(¿No
se supone que los cocainómanos son flacos?)
Obviamente
Silvestre tuvo su época de hacer vallenatos cristianos. Me quiero ir.
Obviamente no voy a sacrificar a mis perros ni mucho menos voy a pagar esa
multa que me puso ese tinterillo oportunista.
Mis
perros son tranquilos.
Igual,
los tengo sólo para caerle bien a las peladas que les gustan los perros.
Si
fuese por mí ese apartamento estaría lleno de sillas Rimax cubiertas en cojines
de pluma de ganso. No soy alérgico. Pero el tomate sí me cae super mal.
Mis
perros sólo estaban aburridos.
Yo
estoy que me pego un tiro con un banano.
Ya no puedo.
Ya
mi columna se recorta en las únicas tres canciones que me sé de Silvestre.
Más
bien quisiera hacer manifiesto mi deseo personal, inamovible y urgente para que
la honorable asamblea pague mi multa, sí, paguen y regalo esos animales.
Una
vibración de mi cuerpo erosiona a los lados, pero el cerebelo se cubre con
fibras y fibras de otras cosas que estoy a punto de recordar.
Pero
no llega y se amplía un taladro cuya broca es un martillo en mi interior; en la
cabeza, en el estómago, en el tercer ojo, en el final de mi lengua, en mi culo.
Y
qué pereza venir a estas reuniones.

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