atentado-terrorista-tetón-onomatopeya (TT45)

 

Primero, Marco Pablo. Marco Pablo observa por la ventana al avión recostado, no elevando ni descendiendo, acostado en el borde del edificio, entre las fotografías colgantes de la modelo flaca con dientes de burro.

Hay una pantalla LED gigante, una niña gorda baila una coreografía vestida con un traje enterizo de leopardo. La niña gorda busca al avión que extiende sus alas y se escabulle detrás de los edificios y percibe la luz en los ojos de Marco Pablo, dormido, en la ventana, acomodando su mano como la posición del avión.   

La boca de Marco Pablo piensa en abrirse cuando el avión entre en él. El número del avión, TT45, su lugar en el escondite de la ciudad. El avión tiene un cuerpo grande que desentona más que una yuca en una almohada, la niña gorda es más gorda que el avión.

La flaca con dientes de burro propone lavarse los dientes con sal.

La sal de la tierra viene del motor del avión y Marco Pablo no puede cambiar la forma de su mano.

La postura no deja acceder a la parte trasera del avión, su cargamento de sal deja señales en la ciudad. Una luz puede hacer que el círculo sea más pequeño. Un agujero puede abrirse para sacar la sal sin que el avión se levante. La mano y la boca de Marco Pablo se tiemplan sin poder decir, sin poder llegar más allá de las palabras ya mencionadas ni de los círculos de su repetición. La niña gorda, en traje de leopardo, hace una coreografía estúpida bailando como un perro.

Quizá no está mal repetir el círculo, quizá nunca hubo problema en dejar al avión escondido ni en ver por la ventana el humo de la boca cerrada. La sal tiene dos vueltas, un camino con dos curvas, la sal es la apertura de un plano cartesiano sin relieves. En las pantallas de los celulares, la ciudad es una superposición de gráficos coloreados; dos aviones entran a la ciudad, entran por abajo. TT45. La niña gorda se vomita. La parte trasera, el agujero con la sal, la mano sin sus tres límites ni sus letras.

El avión no sale. Se mete en el edificio, quiere abrir la puerta y esconderse de Marco Pablo que lo observa sin saber que ya se fue. ¿Cuándo se puede abrir una ciudad como un mecanismo con alicates?, ¿Cuándo se puede abrazar a un avión tetón que tenga la llave del edificio?

En la mano de Marco Pablo, una tembladera que tiene menos ritmo que una gotera.

La ciudad no es grande ni pesada, la mano es un tubo sin Marco Pablo. Un modelo de la ciudad en un proyector a prueba de sal. La ciudad tiene tres entradas, ninguna es por arriba.

El avión tiene en su interior a una niña gorda, una actriz de comerciales que patrocina una crema de dientes y un bálsamo chino que se aplica en el pecho antes de dormir. El avión puede mirar a Marco Pablo, pero la niña gorda no puede salir del avión para esconderse en el edificio. Sin luces, los pasillos sólo son visibles por las luces pasajeras de una pantalla LED gigante. En la pantalla, una niña gorda mete su puño izuierdo en la boca. La niña vomita y unas letras en un alfabeto extraño quieren hacer parecer que la onomatopeya resalta un chiste.

El chiste es un secreto entre la tensión corporal de Marco Pablo, publicista manco que espera la llegada de un avión que se esconde, y el avión TT45 de la aerolínea occidental de China. El avión TT45 (“Tetón”, como le dicen cariñosamente los controladores aéreos) quiere estrellarse contra el edificio de la pantalla LED gigante y dejar en claro que la niña gorda no puede vomitar ni permitir la importación masiva de sal de contrabando a la ciudad. La ciudad, la tensión corporal que espera un atentado terrorista, un video vertical de 15 segundos que alguien consideró ofensivo.

La ciudad tiene tres entradas, todas son por los lados.

Cuando los aviones se aburren, hablan con los controladores aéreos que observan videos de la niña gorda en sus celulares. En los videos, la niña gorda vomita y vomita, el video se repite desde diferentes ángulos y, en una esquina de la pantalla, la ciudad es un mapa de calor donde se esconde un fantasma.

El avión abre la puerta, sabe que Marco Pablo está distraído y que no le pondrá atención por más de que le sea posible observarlo.

TT45 está en una piscina de lluvia, el charco es negro, el charco tiene gasolina mezclada con agua. El agua tiene manchotas brillantes y un reflejo de huevo de pizca o de calvo motilado por cuchilla temblorosa.

Tetón y el avión son los dibujitos en el papel de una expresión de asco.

Ese sonido indescriptible se llama Onomatopeya, Marco Pablo no sabe nada, su primer trabajo en la agencia de publicidad fue para una modelo flaca con dientes de burro.

Su segundo trabajo fue la niña gorda, su mano, un dispositivo para mirar entre los flujos de una ciudad alebrestada, bailarina coja, una ciudad de controladores aéreos que observan su celular.

La ciudad tiene tres entradas. Porque sí, porque no y por si acaso.




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