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 ¿Quién es el señor papel?

No sé, pero creo que puede ser el que mueve el cuadrado en la pantalla, el que acomoda las luces para que la presentadora pueda mostrar su muslo nuevo, su pierna de paloma en un implante con aire.

¿Quién es el señor papel?

Es el logotipo de una empresa de colágeno, a las afueras de Bangkok, en Samut Prakan. Samut Prakan no tiene carros, sólo hay motos, infinitas motos rojas que hacen círculos alrededor de una rotonda como las hormigas cuando avisan que el mundo se va a acabar.

En la rotonda hay un gallo gigante y un rey con cabello de plata y espada corta (daga) con vidrios azules. 

El señor del papel soy yo, porque yo tengo la libreta debajo de mi culo y cuando se me acercan los calvos presumidos o los europeos chupados o las presentadoras transexuales con muslos de paloma, muevo mi pequeño cuatro letras, mi pobre culito que nunca fue semilla de nalgas grandes, y le entrego un papel en tailandés. 

“No sé leer, señora. Qué pena”. 

La anciana china que leyó el papel me escupe y grita como una niña pequeña, como una niña rabiosa de pómulos que parecen uchuvas drenadas con un pitillo. La señora china me tira el putazo del dinosaurio, del planeta flotante, de la caída molecular en sube y baja de madera y fantasmas.

Quizá la señora no entiende mi ofensa y debería decirle que su putazo es una pelota de ping-pong. Que es una calle en Modelia donde las putas y los gordos se meten en un café internet con cabinas transparentes una frente a la otra.

Todos ven lo que no pueden hacer. 

El señor del papel me envía un mensaje de texto con muchos signos de exclamación. Desde lejos, el mensaje parece un bosque de palitos aterrados por la oscuridad. De cerca, cada píxel se abre diagonal en dos direcciones: Si, no y tal vez.

La señora china murió y morirá y está muriendo en este momento repitiendo los círculos de Samut Prakan, repitiendo las formas en sus manos de las hormigas apocalípticas y de la princesa envuelta en un traje hecho de dólares que le acaricia la boca y le dice que el billete verde es el billete de la absolución en los círculos kármicos de la caída, de la caída horizontal en mitad de la rotonda dónde el gallo gigante y el rey con cabello de plata se disculpan por la lluvia y también por la velocidad.

“En esta ciudad, los carros se mueven por el lado opuesto. Cuando Samut Prakan fue fundada, un rey loco manejó su carruaje por el lado opuesto de la calle para poder gritar y morder a los animales sin corral que la gente dejaba libre en todas partes. El rey se consideraba a sí mismo un elefante hecho de tamarindos y murió en un templo budista al norte del país cuando un monje le preguntó cuánto era doce más uno”

¿El señor papel le tiene miedo a la oscuridad?

La señora china revuelve la caja de palillos y piensa en un camino cuadriculado de puntos energéticos en mis brazos y piernas por donde pueda retirar la libreta de profecías que, lastimosamente, descansa en un bulto de carne y hueso que se llama: El señor papel. Mi culo es otra historia que no me interesa mencionar. 

La teoría de la señora china está inspirada en las hojas de un palo de mango que germinaba con sonidos y en una lectura rápida del Ramayana editado por Die-zma, un historiador de Myanmar que se alimenta de sus uñas porque no ha encontrado camarones sabrosos en Rangún.

La presentadora de muslos de paloma también es de Myanmar, su papá es un caníbal que se llena la boca de helio y sale flotando por su ventana hasta la ciudad periférica de Samut Prakan. La presentadora en una modelo transexual que se llama Tres. Así, Tres.

No existe profecía número tres en la libreta. Se cree que un rey antiguo la escondió en su tumba, que se revolcó en una fiebre brutal, en un calor ni el hijueputa que le hizo sudar un círculo perfecto con muchísimas manchas pequeñas orbitando alrededor del estanque. Un estanque de sudor con olor a tamarindo.

Entro al café internet de las cajas paralelas en Bogotá, en el maravilloso barrio de Modelia. 

Le envío un mensaje a una prostituta en frente mío: ¿Has leído el Ramayana?

La prostituta contesta: Die-zma Tres.

Contesto: Trece.

Ella: No, el historiador de Myanmar y su hija, la modelo.

Repito: Trece.

El señor papel es una nube cuadrada. El señor papel es un ombligo longitudinal que se selecciona con el mouse y se mueve a la derecha y a la izquierda para que la forma en tres dimensiones de la barriga se chupe o crezca, se mezcle con cristales de colores y papeles brillantes con profecías moleculares donde las hormigas ya advirtieron que el mundo se iba a acabar.

Rey Elefante de Tamarindo: Trece, aquí la tengo para que me la bese.




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